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Bolivia abre una nueva era con Estados Unidos: entre la seguridad y la apuesta económica

El presidente Rodrigo Paz participa en la histórica cumbre convocada por Donald Trump en Miami, marcando el mayor giro en la política exterior boliviana en casi dos décadas. La delegación lleva una agenda ampliada que va más allá de la seguridad regional.

Este sábado 7 de marzo, el presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, se sienta a la misma mesa que el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, por primera vez desde que la relación bilateral quedó fracturada en 2008. El escenario es el lujoso resort Trump National Doral, en Miami, donde doce líderes latinoamericanos se reúnen en el marco de la denominada «Cumbre del Escudo de las Américas» —Shield of the Americas—, la primera convocatoria masiva de la administración republicana a gobiernos afines en la región.

La cita tiene un objetivo declarado desde Washington: articular una coalición regional para enfrentar la migración ilegal, los carteles del narcotráfico y la influencia del crimen organizado transnacional. Sin embargo, para Bolivia la reunión tiene una dimensión adicional y quizás más urgente: la posibilidad de reconstruir lazos comerciales con la mayor economía del mundo y oxigenar una economía nacional que arrastra años de estancamiento.

Un giro histórico en política exterior

El encuentro entre Paz y Trump representa el punto más visible del profundo cambio de rumbo que Bolivia ha emprendido desde que el presidente Rodrigo Paz asumió el poder en noviembre del año pasado, poniendo fin a casi dos décadas de gobiernos del Movimiento Al Socialismo (MAS). Aquellos años estuvieron marcados por una retórica antiimperialista y una orientación hacia la integración regional de corte ideológico que mantuvo a La Paz alejada de Washington.

La ruptura simbólica más aguda ocurrió en 2008, cuando el entonces presidente Evo Morales expulsó al embajador estadounidense Philip Goldberg, congelando las relaciones diplomáticas plenas entre ambos países. Desde entonces, los vínculos se mantuvieron reducidos a su mínima expresión.

«Tenemos que empezar a entender que tenemos un potencial enorme; hemos sido un país subinvertido durante muchos años, que ha utilizado una línea discursiva ideológica para poder aislarse del mundo y nos han arrebatado futuro.»— Fernando Aramayo, Canciller de Bolivia

El canciller Fernando Aramayo ha sido explícito al trazar el contraste: la nueva política exterior boliviana busca «llevar a Bolivia al mundo y traer el mundo a Bolivia», poniendo en valor los recursos estratégicos del país y atrayendo inversiones que durante años se alejaron por el clima de incertidumbre política. La presencia de Paz en Miami es, en ese sentido, mucho más que un gesto diplomático.

La agenda económica detrás de la cumbre de seguridad

Aunque la convocatoria de Trump tiene como eje central la seguridad hemisférica —la lucha contra el narcoterrorismo, los carteles de la droga y la migración masiva—, la delegación boliviana viajó a Miami con una agenda paralela y ambiciosa en materia económica.

El presidente Paz lo anunció antes de partir: en Estados Unidos buscará «apertura para el comercio, apertura para la economía, apertura para los bolivianos y bolivianas, para tener una mejor perspectiva desde la economía». En términos concretos, Bolivia apunta a la reactivación de un mecanismo equivalente al que supuso la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas y Erradicación de la Droga (ATPDEA), el programa estadounidense que durante años permitió el ingreso libre de impuestos de productos bolivianos —principalmente textiles y manufacturas— al mercado norteamericano como compensación por los esfuerzos en la lucha antidrogas. Ese beneficio fue suspendido durante el gobierno de Morales.

«Necesitamos para nuestro país, para redinamizar nuestra industria, naturalmente un acuerdo comercial con uno de los mercados más importantes del planeta, como es el norteamericano.»— Fernando Aramayo, Canciller de Bolivia

Aramayo estimó que en seis meses podría alcanzarse un «contenido trabajado» en las negociaciones, aunque aclaró que el proceso requiere consultas con los sectores productivos nacionales y debe articularse con los bloques regionales en los que Bolivia participa, como el Mercosur y la Comunidad Andina, para que las negociaciones avancen sin fricciones.

El Escudo de las Américas: una alianza de doce

La cumbre reúne a doce mandatarios del hemisferio, todos con perfiles afines al gobierno de Trump. Además de Paz, confirmaron su presencia Javier Milei (Argentina), Santiago Peña (Paraguay), Nayib Bukele (El Salvador), Daniel Noboa (Ecuador), Rodrigo Chaves (Costa Rica), José Raúl Mulino (Panamá), Luis Abinader (República Dominicana), Nasry Asfura (Honduras), Mohamed Irfaan Ali (Guyana), la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, y el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, quien asumirá el cargo el próximo 11 de marzo.

Desde la Casa Blanca, la portavoz Karoline Leavitt describió la iniciativa como una «coalición histórica» orientada a «promover la libertad, la seguridad y la prosperidad» de las naciones participantes. En el trasfondo geopolítico, el encuentro también responde a la preocupación estadounidense por la creciente presencia de China en la región, una variable que los analistas señalan como uno de los ejes no declarados de la cumbre.

Los 12 líderes del Escudo de las Américas

  • Argentina — Javier Milei
  • Bolivia — Rodrigo Paz
  • Chile — José Antonio Kast (presidente electo)
  • Costa Rica — Rodrigo Chaves
  • Ecuador — Daniel Noboa
  • El Salvador — Nayib Bukele
  • Guyana — Mohamed Irfaan Ali
  • Honduras — Nasry «Tito» Asfura
  • Panamá — José Raúl Mulino
  • Paraguay — Santiago Peña
  • República Dominicana — Luis Abinader
  • Trinidad y Tobago — Kamla Persad-Bissessar

La agenda de Paz en Miami: más que una cumbre

La jornada de Paz en Miami es intensa. El almuerzo con Trump al mediodía fue el momento central del día, pero la agenda incluyó reuniones bilaterales por la tarde con el secretario de Estado Marco Rubio y con otros jefes de Estado, además de encuentros con grupos empresariales y dignatarios en las horas de la noche. El domingo, el presidente boliviano tiene programado un diálogo con un influyente think tank de política exterior, para reunirse con académicos, analistas y empresarios que observan con creciente interés el nuevo perfil internacional de Bolivia.

Tras la cumbre, Paz viajará a Santiago de Chile para asistir el 11 de marzo a la ceremonia de investidura de Kast, otro gesto que subraya el reposicionamiento boliviano en el eje político regional. A su regreso, recibirá en La Paz al rey Felipe VI de España, consolidando lo que su gobierno describe como una diplomacia activa, pragmática y abierta al mundo.

El desafío del equilibrio geopolítico

La alineación con Washington no está exenta de tensiones. Como señala Irene Mia, experta en América Latina del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), la llamada «doctrina Donroe» impulsada por la Casa Blanca presiona a los gobiernos cercanos a alejarse de la órbita china —con la que muchos países de la región tienen profundas relaciones comerciales y estratégicas. Para Bolivia, que ha cultivado lazos importantes con Pekín en el sector minero y energético, encontrar ese equilibrio será uno de los retos de mayor calado en los próximos meses.

Por ahora, sin embargo, la imagen del presidente Paz en el Trump National Doral envía una señal inequívoca: Bolivia ha vuelto al escenario internacional, y lo hace apostando por la apertura, el pragmatismo y la búsqueda de acuerdos concretos que permitan cerrar la brecha de inversión y desarrollo que, en palabras de su propio canciller, el país arrastra desde hace demasiados años.

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