El jueves 20 de marzo de 2026 los mercados internacionales de energía registraron un doble golpe: el precio del gas natural escaló un 30% y el barril de petróleo Brent acumuló una nueva jornada de repunte, en una tendencia alcista sostenida por las tensiones bélicas en Oriente Medio.
En Bolivia, país que históricamente dependió de los ingresos gasíferos para sostener su economía, la pregunta se vuelve urgente: ¿hasta qué punto estas variaciones afectan al mercado interno y a las finanzas del Estado? Los economistas coinciden en que el impacto es diferenciado: moderado en el gas, pero directo y preocupante en el petróleo.
El alza del gas internacional y su efecto limitado en Bolivia
Bolivia exporta gas natural principalmente a Brasil bajo un contrato cuya fórmula de precio no está indexada directamente al valor del gas en los mercados internacionales, sino al precio del petróleo crudo. Así lo explicó el economista Gonzalo Chávez, quien aclaró que el incremento del 30% en el precio del gas a nivel global no genera una afectación directa e inmediata al país.
Sin embargo, Chávez advirtió que si el alza del petróleo se mantiene de forma sostenida en el tiempo, sí podría haber una variación positiva en los ingresos por exportación de gas. Según sus proyecciones, Bolivia estaba previendo exportaciones por 500 millones de dólares en 2026; con el incremento sostenido del crudo, esa cifra podría escalar hasta los 600 millones de dólares.
En la misma línea, el exministro de Hidrocarburos Álvaro Ríos confirmó que en el rubro del gas no se registrará ningún efecto inmediato, dado que el país todavía no importa este producto.
El declive irreversible de las exportaciones de gas
Detrás del análisis coyuntural existe una realidad estructural que preocupa a los expertos: Bolivia exporta actualmente apenas 13 millones de metros cúbicos diarios de gas, frente a los 45 millones que llegó a vender en su época de esplendor. Gonzalo Chávez fue contundente al señalar que, de mantenerse esta trayectoria, para 2027 las exportaciones de gas serían prácticamente nulas.
Este escenario vuelve urgente la reforma del marco legal del sector. Durante la reciente visita del presidente boliviano a Brasil, el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva manifestó su interés en ampliar las inversiones en el sector gasífero boliviano e incrementar el volumen exportado al mercado brasileño. La nueva Ley de Hidrocarburos, actualmente en elaboración, apunta a reconfigurar el sistema y abrir las puertas a inversión privada nacional e internacional.
El petróleo sí pega: Bolivia importa combustible y paga en dólares
A diferencia del gas, el impacto del alza del barril de petróleo es directo y concreto sobre la economía boliviana. El país ya no es autosuficiente en producción de combustibles líquidos y debe importar una parte significativa de su consumo interno, pagando en divisas que escasean.
Álvaro Ríos fue claro al respecto: el encarecimiento del crudo obliga al Estado a destinar más dólares a la importación de combustible. El dilema que se abre ante el gobierno es doble: o trasladar ese aumento al precio del combustible en surtidores bolivianos, con el consiguiente impacto inflacionario en toda la cadena productiva; o bien absorber la diferencia a través de la subvención estatal, profundizando el déficit fiscal en un contexto ya crítico de escasez de divisas.
La subvención de combustibles, un peso cada vez más insostenible
Bolivia mantiene desde hace décadas una subvención a los combustibles que, en un entorno de precios internacionales al alza, se convierte en una carga exponencialmente mayor para el Tesoro General de la Nación. Con reservas internacionales en niveles históricamente bajos y una brecha cambiaria que persiste en el mercado paralelo, el margen de maniobra del gobierno para sostener esa subvención es cada vez más estrecho.
El alza del petróleo en los mercados internacionales, de continuar, podría acelerar la discusión sobre una ineludible corrección de precios en el mercado interno.
¿Qué se espera en el mediano plazo?
El horizonte energético boliviano combina una ventana de oportunidad —si los precios altos del crudo se sostienen y Bolivia logra mantener o ampliar sus exportaciones de gas a Brasil— con un riesgo real en el frente de importaciones de combustible. La reforma legal del sector hidrocarburífero y la atracción de nuevas inversiones en exploración emergen como las únicas salidas estructurales a una crisis que no es coyuntural, sino producto de años de desinversión en el sector.