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La banca ganó $540 millones en 2025 mientras la reforma financiera sigue paralizada

El presidente anunció a fines de mayo una revisión profunda del sistema bancario, pero tres semanas después el único avance concreto son reprogramaciones de créditos. La ASFI confirma que los bancos ganaron más de 540 millones de dólares en 2025, un 42,3% más que el año anterior.

El 27 de mayo, durante una reunión del llamado «gabinete económico y social» con sectores movilizados, el presidente Rodrigo Paz Pereira sorprendió al cuestionar públicamente el papel de la banca y anunciar que su gobierno impulsaría una reforma del sistema financiero boliviano. Tres semanas después, ese anuncio no se tradujo en ningún proyecto de ley, ni en lineamientos técnicos conocidos, ni volvió a mencionarse en ninguna comparecencia oficial. En su lugar, las únicas medidas concretas del Ejecutivo han sido planes de reprogramación de créditos para pequeños productores y acuerdos puntuales con entidades financieras.

Mientras tanto, datos de la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI) confirman que la banca boliviana cerró 2025 con utilidades conjuntas superiores a 540 millones de dólares, un récord histórico que contrasta con la escasez de divisas, la inflación y la desaceleración que golpean al resto de la economía.

IndicadorDato
Utilidades banca 2025$540 millones
Incremento anual+42,3%
Mora abril 20262,9%
DepósitosBs 245.208 millones
Cartera de créditosBs 232.613 millones

El anuncio de Paz que se diluyó en tres semanas

El contexto de la declaración presidencial no era menor: Bolivia atraviesa una prolongada escasez de dólares, una inflación al alza, dificultades para importar combustibles y una economía cada vez más desacelerada. En ese escenario, el anuncio de Paz sobre una reforma al sistema bancario parecía abrir uno de los debates más sensibles del momento: qué papel debe jugar la banca en una economía en crisis.

Sin embargo, la propuesta no tuvo continuidad. No se presentó ningún proyecto de ley, no se difundieron lineamientos técnicos y el tema desapareció de la agenda oficial. En paralelo, lo que algunos analistas —entre ellos Gonzalo Chávez y Juan Carlos Pereira— describen como una «devaluación encubierta» ha terminado consolidando un «dólar referencial» que se mueve alrededor de los 10 bolivianos para las operaciones internas, muy por encima del tipo de cambio oficial, que se mantiene en 6,96.

Las únicas medidas concretas adoptadas hasta ahora apuntan en otra dirección: programas de reprogramación de créditos para pequeños productores y alivios parciales para sectores afectados por la falta de liquidez. Según la analista Edith Gálvez, este tipo de mecanismos también le resultan funcionales a la propia banca, porque le permiten «camuflar» su morosidad operativa y evitar penalizaciones de las agencias calificadoras o de otras instituciones —como la Gestora Pública de Pensiones— que podrían restringirle el acceso a fondos.

La pregunta que queda en el aire es inevitable: ¿qué pasó con la reforma anunciada?

La banca boliviana registró ganancias récord en 2025

Esa pregunta cobra más fuerza si se observa el desempeño del sector. De acuerdo con cifras de la ASFI, durante 2025 —justamente el año más crítico de la crisis cambiaria— los bancos del país registraron utilidades conjuntas por más de 540 millones de dólares, un incremento del 42,3% respecto a la gestión anterior y un máximo histórico para el sistema financiero boliviano.

El dato no es solo un récord: expone una paradoja difícil de pasar por alto. Mientras las empresas productivas enfrentaban serias dificultades para acceder a dólares, importar insumos o simplemente sostener sus operaciones, el sistema bancario encontró la forma de multiplicar su rentabilidad.

Según explica Gálvez, buena parte de esas ganancias provino del arbitraje cambiario generado por la brecha entre el tipo de cambio oficial fijado por el Banco Central de Bolivia y el valor real del dólar en los mercados paralelos. En otras palabras, la misma crisis que debilitó a miles de actores económicos se convirtió, para el sector financiero, en una oportunidad extraordinaria de rentabilidad. La consolidación de facto del «dólar referencial» ha terminado normalizando esas ganancias sin que se hayan generado otras consecuencias.

Una banca rentable, pero desconectada de la economía productiva

Más allá de las utilidades excepcionales de un año particular, la crítica de fondo apunta a algo estructural: la creciente desconexión entre la banca y la economía productiva.

Durante años, Bolivia construyó un sistema bancario altamente rentable apoyado en el consumo, el microcrédito y los servicios financieros de corto plazo. Ese modelo, sin embargo, muestra límites evidentes cuando la economía necesita financiamiento productivo de largo plazo.

La reciente decisión del gobierno de impulsar nuevas reprogramaciones para pequeños productores es un síntoma de esa fragilidad: miles de unidades productivas no logran cumplir sus obligaciones financieras en un contexto de inflación, caída del consumo y aumento generalizado de costos. El resultado es una imagen paradójica: mientras los productores negocian plazos para sobrevivir, el sistema financiero sigue mostrando balances extraordinarios.

Los cinco debates pendientes sobre la reforma financiera

Cuando Paz habló de reformar la banca, varios analistas interpretaron que el gobierno estaba evaluando tocar aspectos centrales del sistema financiero heredado de la última década. Dentro del sector económico se discuten informalmente, al menos, cinco ejes pendientes.

Revisión del esquema de tasas de interés

Bolivia mantiene un sistema fuertemente regulado, en el que ciertos sectores productivos acceden a créditos con tasas fijadas por normativa, mientras otros segmentos enfrentan costos elevados o quedan directamente excluidos del financiamiento formal.

Repatriación de utilidades y dividendos

Investigaciones periodísticas recientes han revelado que decenas de millones de dólares generados por bancos bolivianos terminan en estructuras corporativas radicadas en Panamá, Bermudas y otras jurisdicciones offshore, una práctica que las grandes empresas del sector han normalizado.

El uso del ahorro previsional

Una parte sustancial de los fondos administrados por la Gestora Pública de la Seguridad Social de Largo Plazo está colocada en instrumentos emitidos por entidades financieras privadas, en moneda nacional y a tasas de interés inferiores a la inflación. Esto abre interrogantes sobre el riesgo sistémico, la concentración excesiva y el escaso retorno real para los propios afiliados, dueños últimos de esos recursos.

Concentración bancaria y competencia

Bolivia mantiene uno de los sistemas bancarios más concentrados de Sudamérica, con pocas entidades controlando una parte muy significativa del mercado de créditos y depósitos.

El mandato del sistema financiero

Algunos economistas plantean ir más allá de ajustes puntuales y discutir el mandato mismo de la banca: pasar de un modelo centrado en la rentabilidad bancaria a uno orientado de manera prioritaria al desarrollo productivo nacional.

Banco Unión, el contraste estatal dentro del sistema

Dentro de este debate aparece un caso que alimenta la discusión política: Banco Unión S.A. A diferencia de la banca privada, sus utilidades no se distribuyen hacia el exterior, sino que se reinvierten o se transfieren al Tesoro General del Estado.

Para sus defensores, esto demuestra que es posible un modelo de banca con una función pública más marcada. Sus críticos, en cambio, advierten sobre los riesgos de politización del crédito y el uso discrecional del sistema financiero estatal. Pero incluso quienes cuestionan al banco estatal coinciden en que la comparación pone sobre la mesa una discusión mayor: quién termina beneficiándose, en última instancia, de las utilidades que genera el sistema financiero boliviano.

¿Reforma estructural o administración de la crisis?

La falta de avances tras el anuncio presidencial alimenta la percepción de que el gobierno retrocedió frente a uno de los sectores con mayor capacidad de presión económica del país.

La experiencia reciente en América Latina muestra que reformar un sistema financiero nunca es sencillo. Contar con bancos sólidos es indispensable para la estabilidad de cualquier economía, pero también lo es evitar que esos mismos bancos operen completamente desconectados de las necesidades productivas nacionales.

Por ahora, todo indica que el gobierno optó por administrar la emergencia antes que abrir una reforma estructural. La contradicción, sin embargo, sigue ahí: en medio de la peor crisis económica en décadas, Bolivia exhibe la imagen de pequeños productores renegociando créditos para sobrevivir, familias haciendo fila frente a cajeros sin efectivo, y un sistema bancario que registra las mayores ganancias de toda su historia. Paz abrió una puerta al anunciar cambios profundos; la pregunta pendiente es si finalmente decide cruzarla.

La mora bancaria se mantiene controlada, pese a la crisis

A pesar del complejo escenario económico, uno de los termómetros más sensibles del sistema financiero —la cartera en mora— muestra relativa estabilidad. Según el último reporte de la ASFI, a abril de 2026 la mora del conjunto del sistema llegó a 6.682 millones de bolivianos, equivalente al 2,9% del total de créditos otorgados.

La cifra representa una leve mejora respecto a diciembre de 2025, cuando la cartera en incumplimiento ascendía a 6.825 millones de bolivianos (3% del total), aunque duplica el nivel registrado en 2020. Varios analistas sostienen que buena parte de las normas de reprogramación han funcionado, en la práctica, como un mecanismo de «camuflaje» de esa mora.

En cualquier caso, los datos indican que, pese a la escasez de divisas, la desaceleración económica y las crecientes dificultades de productores y empresas, el sistema financiero todavía no muestra un deterioro acelerado. Actualmente, los depósitos del público suman 245.208 millones de bolivianos, frente a una cartera total de créditos de 232.613 millones, una estructura de liquidez que, por el momento, sostiene la estabilidad bancaria en medio de la crisis general de la economía.

Argentina y Ecuador: lo que enseñan las crisis que forzaron reformas bancarias

Cada vez que una crisis económica profunda golpea a América Latina, tarde o temprano emerge la misma discusión: qué papel debe cumplir el sistema financiero cuando la economía real comienza a deteriorarse. Bolivia parece empezar a transitar ese debate, aunque los detalles de la reforma anunciada por Paz sigan sin conocerse.

No sería la primera vez que la región atraviesa este escenario.

El «corralito» argentino de 2001

El caso más recordado sigue siendo el de Argentina tras el colapso de 2001. Después de años de convertibilidad fija entre el peso y el dólar, el país sufrió una corrida bancaria masiva cuando millones de ahorristas intentaron retirar sus depósitos al mismo tiempo. El entonces ministro Domingo Cavallo impuso el llamado «corralito», que limitó los retiros y congeló los depósitos, una crisis que terminó derribando al gobierno de Fernando de la Rúa.

La salida implicó una reforma completa: Argentina abandonó la convertibilidad, «pesificó» los depósitos pactados originalmente en dólares, impuso controles severos a la salida de capitales y reforzó el rol regulador del Estado sobre la banca. En los años siguientes, los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner consolidaron un sistema financiero mucho más regulado, con menos espacio para la especulación y mayor exigencia de orientar el crédito hacia sectores productivos.

El feriado bancario en Ecuador (1999)

Otro antecedente relevante es el de Ecuador en 1999, con el llamado «feriado bancario», probablemente la peor crisis financiera de su historia. El gobierno suspendió toda actividad bancaria durante una semana completa para contener la fuga masiva de depósitos. Más de la mitad del sistema financiero colapsó, miles de familias perdieron sus ahorros y el sucre sufrió una devaluación devastadora.

La respuesta también fue radical: Ecuador dolarizó por completo su economía en el año 2000. Años más tarde, durante el gobierno de Rafael Correa, llegó una segunda ola de reformas orientada a reducir la concentración bancaria. La nueva Constitución de 2008 prohibió que los grupos financieros fueran propietarios de medios de comunicación y otras empresas ajenas al sector, mientras nuevas regulaciones buscaron limitar conflictos de interés y reforzar los controles sobre las transferencias internacionales de capital.

En ambos casos la lógica fue similar: cuando la crisis dejó en evidencia el desequilibrio entre la rentabilidad bancaria y el deterioro social, el Estado intervino para redefinir las reglas del juego.

Bolivia está lejos de los escenarios extremos que vivieron Argentina y Ecuador hace dos décadas. Pero la combinación actual de escasez de divisas, presión inflacionaria y tensión creciente sobre el crédito empieza a abrir preguntas de naturaleza parecida. La discusión no se reduce a cuánto ganan los bancos, sino a qué función deben cumplir cuando el resto de la economía comienza a asfixiarse. La experiencia latinoamericana deja una lección clara: cuando las crisis se profundizan, la banca deja de ser solo un actor económico y se convierte en un asunto político de primer orden.

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Qué reforma bancaria anunció Rodrigo Paz?

El 27 de mayo de 2026, durante una reunión con sectores movilizados, el presidente Rodrigo Paz anunció que su gobierno impulsaría una reforma del sistema financiero boliviano. Tres semanas después no se conoce ningún proyecto de ley ni lineamientos técnicos al respecto.

¿Cuánto ganó la banca boliviana en 2025?

Según la ASFI, los bancos bolivianos registraron utilidades conjuntas superiores a 540 millones de dólares en 2025, un 42,3% más que en 2024 y un récord histórico para el sector.

¿Qué son las reprogramaciones de créditos y para qué se usan?

Son acuerdos que extienden los plazos de pago de créditos, principalmente para pequeños productores afectados por la crisis. Analistas señalan que también permiten a la banca camuflar su morosidad operativa ante calificadoras y otras entidades.

¿Cuál es la tasa de mora del sistema financiero boliviano en 2026?

A abril de 2026, la mora del sistema financiero alcanzó el 2,9% del total de créditos otorgados (6.682 millones de bolivianos), una leve mejora respecto al 3% de diciembre de 2025, pero el doble del nivel de 2020.

¿Por qué Banco Unión es diferente de la banca privada en Bolivia?

A diferencia de los bancos privados, las utilidades de Banco Unión se reinvierten o se transfieren al Tesoro General del Estado, en lugar de distribuirse hacia accionistas o estructuras en el exterior.

¿Qué lecciones dejan las crisis bancarias de Argentina y Ecuador?

En Argentina (2001) y Ecuador (1999), crisis bancarias severas obligaron a reformas estructurales: pesificación y mayor regulación en Argentina, y dolarización junto con límites a la concentración bancaria en Ecuador. En ambos casos, el Estado intervino cuando la rentabilidad bancaria quedó desconectada del deterioro social.

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